Suelo caminar mucho por mi barrio y por el centro.
Y cada vez veo estampas más terribles de la miseria humana.
Tengo ganas de que no me mientan más.
miércoles, mayo 28, 2008
Sueño
Sueño con un lugar en el que no importe el colr de la etiqueta, ni lo cero por ciento.
Que la bebida calme la sed, y que todos la puedan calmar.
Donde once millones u ocho millones no importen por la cantidad, sino porque son.
Dionde no cuenten los tamaños, por chicos o por grandes.
miércoles, mayo 21, 2008
Invierno
Imagino mucho frío, cuellos altos que nos cubran, y chocolate y películas (muchas francesas), y algo de alcohol que sólo yo tomaré.
Y su abrazo.
Y su abrazo.
14 de mayo
jueves, mayo 15, 2008
Seis
Un día como hoy nos llevamos a caminar por ahí.
Después, el café que no tomamos, se transformó de golpe en el café del domingo.
Después, el café que no tomamos, se transformó de golpe en el café del domingo.
viernes, mayo 09, 2008
Dice...
... la canción:
"Lo lindo de la noche y las estrellas,
es que tu rostro habita en todas ellas.
Lo lindo de mi vida es el saber,
que la gobierna tu ser."
"Lo lindo de la noche y las estrellas,
es que tu rostro habita en todas ellas.
Lo lindo de mi vida es el saber,
que la gobierna tu ser."
Viernes
Es viernes de una semana que termina, o empieza, nunca sé muy bien eso.
Moví la mesita de la PC para estar cómoda.
Trabajé, poco, sin obsesionarme porque algo pueda salir mal.
Y siento su carita pegada en la mía.
Moví la mesita de la PC para estar cómoda.
Trabajé, poco, sin obsesionarme porque algo pueda salir mal.
Y siento su carita pegada en la mía.
viernes, mayo 02, 2008
Diario de España. Unos días.
Miércoles 16 de febrero de 2000
Estoy en Sevilla en el Hotel Don Paco. Casi, casi pensé que había perdido mi agenda/diario. Casi muero cuando vi que sólo me traían un bolso a la habitación.
Hoy fue un día largo. Empezó la excursión (¡Ay! Me muero de ganas de hablar por teléfono). Espero acordarme de todo lo de hoy, incluyendo a Gonzalo, el pinochetista.
Alguien me preguntó si la compañía de viajes se llamaba Senil Tours. Pues, no le erraba demasiado.
Uf, no tengo ganas de escribir.
Jueves 17 de febrero de 2000
No me lo puedo creer. Estoy tomando un café en el Centro Cultural en Sevilla frente a la Facultad de Bellas Artes de la Universidad de Sevilla, a la que por supuesto voy a entrar. Deberé tener buena memoria para resumir lo de ayer. Ya acabé mi primer rollo de fotografías.
Pues bien: en el día de ayer 15 de febrero salimos temprano para Córdoba. Previo pasar por una venta manchega cerca de Bailén (procuraré conseguirme un mapa de España para ubicarme mejor). Viajamos hasta las tres de la tarde y llegamos a Córdoba. Siempre supe que los andaluces eran agrandados y exagerados pero nunca supuse que tanto como el guía local (Luis). A saber, según él es la ciudad más importante del mundo. Sólo le faltó decir que ahí había nacido Gardel. Lo cierto es que es impresionante ver la mezquita y la Catedral. Impresionante los trabajos en mosaicos del techo. Pero lo que más me llama la atención es la mezcla árabe y cristiana. Creo que si uno fuera a rezar no sabría a quien hacerlo. Entonces mejor ya no le recé a nadie. Sólo los ojos de uno se pueden llevar la verdadera imagen. De todas formas saqué fotografías. De Córdoba no había mucho más que ver, aunque para mí todo lo es. Lo que más disfruto es caminar sola, como ahora. No la voy con eso de turista comprando abanicos. Y la mayoría lo hace. Pero son pintorescos. Procuro olvidar pronto las pavadas que escucho, generalmente femeninas; pero esto pasa sólo porque los hombres son más callados.
Me olvidé lo del chileno: resulta que cuando subimos al bus en Madrid (ahora estoy dentro de la facultad porque el bar del centro Cultural cerraba) me tocó el asiento al lado de un señor que resultó chileno y pro Pinochet. ¡Oh no! Justo a mi ese castigo. Así que estuvimos discutiendo un ratito. Claro, empezó diciendo que ahora Chile no estaba tan bien como antes y que cada vez estaba peor. Parece realmente mentira. Me dio asquito, pero después miré por la ventanilla y se me pasó. Ni Pinochet podría empañar este momento. Demás está decir que después me cambié de asiento.
Ahora que miro a mi alrededor hay unos cuantos con cara de loquito y loquita.
Bueh, después de Córdoba y de todo lo que aprendimos con el guía que le explicó a Clinton la importancia de su ciudad para la medicina y los números arábigos, y de orar una oración en árabe, seguimos viaje a Sevilla, adonde llegamos a las siete más o menos. Ahí en el Hotel Don Paco (como el negro) tuve un percance, que ya comenté con mi mochila, ya que Bernant (¿se escribirá así?) se la olvidó en el bus.
Gustavo: las aceitunas que probé son horribles, hasta ahora, supongo que es una cuestión de gustos. No olvidaré tu pedido, pero será al final del viaje para no cargar con ella.
Ayer cenamos en el Hotel, es muy lindo. Ya le sacaré una foto a la habitación. Es autoservice y la comida, como hasta ahora, espectacular (los chicos que están al lado mío están hablando de champúes y suavizantes: ¡qué desilusión! ¡Estudiantes de Bellas artes!).
En fin, prosigo. Después de cenar fuimos a caminar un ratito. Me fascinan los bares, los de Madrid y los de acá. Casi todos hombres en la barra tomando, fumando y hablando hasta tarde, aún días de semana. La verdad no me da nada de miedo salir de noche por estos lares.
De la gente del grupo no voy a hablar porque no hay mucho que decir. Lo dicho: son pintorescos. Son turistas. Qué se le va hacer.
Hoy salimos temprano al City Tour. Fuimos al barrio Santa Cruz (una belleza) con sus callecitas, balconcitos, azulejitos (¿o deberé decir azulejitos?) calles empedradas y los negocios en los que un cacharrito sale 5000 pesetas (pero si parecen argentinos por lo avivados). En este momento estoy a pleno sol.
Luego, la Catedral de Sevilla, con su Giralda y otra vez, mezquita, Iglesia católica, arte morisco, visigodo, gótico, renacentista, barroco y me hice un lío que creo que me voy a hacer judía en cualquier momento (cierto que yo era atea). Me olvidé que el barrio de Santa Cruz era antiguamente el Barrio de los judíos (judería). Lo que no hice fue la excursión opcional al Alcázar y la Plaza de toros. Ya es suficiente. Esta noche iré a un espectáculo flamenco. Me gustaría mucho más meterme en un bar de noche, pero sola no me da. Una tiene sus límites. La próxima.
En un ratito almorzaré en le Hotel con mis compañeros de viaje.
Por cierto: ninguno sabe la letra de Las manos mágicas. Un escándalo ciertamente.
Nuki: encontré un regalo para vos, que de la emoción se te van a poner los ojos redondos.
Padre: espero recuperar el CD. En Barcelona algo conseguiré.
Madre: tenías razón: la piedra era blanda.
Comí carnecita con patatas fritas. Rica, muy rica. Hasta ahora la comida, de lo mejor.
En realidad no estoy durmiendo nada. Quiero seguir y seguir y seguir. Estoy feliz de estar acá. Aunque extraño Madrid.
Hoy por la tarde no estoy haciendo demasiado. Revisé mis e-mail y mandé algunos. Compré un sobre de plástico para guardar papeles recolectados y ahora estoy frente al Hotel pretendiendo tomar un café con algo dulce.
Mdq
Desde que se me desató esto de irnos a Mar del Plata, no hago otra cosa que imaginar/ recordar Mar del Plata.
Plástico.
Vivirá en Palermo. O eso querrá.
Y no en cualquier Palermo.
Cuando se equivoca dice "Sorry", pero dicho "Sory".
Y no sabe otra cosa que la obsesión por el trabajo.
Seres detestables que me rodean.
Y no en cualquier Palermo.
Cuando se equivoca dice "Sorry", pero dicho "Sory".
Y no sabe otra cosa que la obsesión por el trabajo.
Seres detestables que me rodean.
Incoherencia
El programa incita a los gordos a bajar de peso.
Todo aprobado científicamente. O sea, lo bueno es ser flaco.
El programa incita a que no se dicrimine a los gordos por gordos.
O sea, sé gordo.
No entiendo.
Todo aprobado científicamente. O sea, lo bueno es ser flaco.
El programa incita a que no se dicrimine a los gordos por gordos.
O sea, sé gordo.
No entiendo.
lunes, abril 07, 2008
Post de lunes
Yo me ofusco.
Me enojo con todo lo demás.
Con la puerta, el ascensor, “la gente”.
Y ahí está. Me reincorporo, me despierto y ahí está.
(y vuelvo a decir me encanta, me encantás, que hacía mucho que no lo decía… por acá)
Me enojo con todo lo demás.
Con la puerta, el ascensor, “la gente”.
Y ahí está. Me reincorporo, me despierto y ahí está.
(y vuelvo a decir me encanta, me encantás, que hacía mucho que no lo decía… por acá)
sábado, marzo 29, 2008
Diario de España. Día 1, 2, 3

Sábado 12 de febrero de 2000
Llegué a Madrid a las 21.00 hora local y la verdad es que no me impresionó para nada Barajas. Confieso que en cambio lo que sí me impresionó fue el inodoro automático de Ezeiza. Es increíble las cosas que inventan. Antes de bajarnos del avión, un señor con acento francés dijo:
- Esta es una aegolínea de miegda. Una aegolínea del tegcer mundo.
Y yo pensé: el tercer mundo no existe más, porque ya no existe el segundo. ¿Qué habrá querido decir? Quién lo sabe...
Me encantó la entrada de Madrid. Es personal y a la vez familiar. Me parece que en cualquier momento aparece Sabina y me dice:
- Che flaca dame un faso.
El taxista que me llevó al hotel Persal, muy simpático. Resultó tener una cuñada argentina y venía escuchando al antedicho.
El viaje en avión, todo bien. Hoy descanso, mañana madrugo y hago el city tour. Me siento rara sola, pero no me disgusta. ¡Ah! El conserje es igual a Yickie.
Llegué a Madrid a las 21.00 hora local y la verdad es que no me impresionó para nada Barajas. Confieso que en cambio lo que sí me impresionó fue el inodoro automático de Ezeiza. Es increíble las cosas que inventan. Antes de bajarnos del avión, un señor con acento francés dijo:
- Esta es una aegolínea de miegda. Una aegolínea del tegcer mundo.
Y yo pensé: el tercer mundo no existe más, porque ya no existe el segundo. ¿Qué habrá querido decir? Quién lo sabe...
Me encantó la entrada de Madrid. Es personal y a la vez familiar. Me parece que en cualquier momento aparece Sabina y me dice:
- Che flaca dame un faso.
El taxista que me llevó al hotel Persal, muy simpático. Resultó tener una cuñada argentina y venía escuchando al antedicho.
El viaje en avión, todo bien. Hoy descanso, mañana madrugo y hago el city tour. Me siento rara sola, pero no me disgusta. ¡Ah! El conserje es igual a Yickie.
Lunes 14 de febrero de 2000
Aquí estoy en los Madriles y ¡no lo puedo creer! Esperando en Pullmantur para salir de excursión. La verdad no sé ni adonde voy y eso es lo que más me gusta. Me pongo un poco loquita con la plata, las tarjetas y eso. Pero si pierdo algo lo pierdo y listo. Me caen bien los “gallegos”.
Espero recordar que saqué una foto en la calle Espoz y Mina y otra en la calle Arenal a una librería (Ginés). Estoy acá esperando mi excursión a Toledo, mirando hacia el Palacio Real, al que todavía no entré. Me da un poco de impresión siendo plebeya Pienso que si Menem fuera español, viviría acá (en estos momentos estoy en la Plaza de Oriente y me está tratando de levantar un señor de unos 65 años, que buen nivel el mío; debería haberle dicho: Nou hablou espaniol).
Mañana quiero caminar todo el día. La excursión a Madrid me mareó. Tanto que pasamos por la Cibeles y miré para otro lado. Quiero ir al Palacio Real, a la Gran Vía, a cambiar plata, etc., ¡ah! Y a los lugares que me dijo Jorge.
Me siguen cayendo simpáticos los lugareños. Por suerte me saqué de encima al señor.
Me olvidaba: comí jamón asado con menestra de verduras y patatas fritas. Pa´chuparse los dedos, hombre. ¡Qué riquito! Y en un barcito de paso. Creo que mi paladar disfrutará mucho estos días.
Me enamoré de Toledo y juro que volveré.
I: averígüeme cuánto exactamente nos correspondería de las regalías urgentemente.
El día de hoy me da la sensación que dura 48 horas.
Descubrí que los argentinos no somos los únicos toscos, también los hay italianos, portugueses (¿o serían brasileños?)
Toledo es de película y no precisamente española. Ya lo decidí: cuando llegue a Buenos Aires empiezo a hablar de Tu.
Ellos tendrán el Prado, pero nosotros tenemos a la Pradón.
Martes 15 de febrero de 2000
Quisiera recordar todos los lugares donde he estado (ya se me pegó). En Madrid: el barrio árabe (¿era así que se llamaba?) , la parte más antigua de Madrid, el paseo del Prado, la Gran Vía, la Castellana, el Parque del Retiro, la Casa de campo. Pasé por la puerta de Alcalá, de Toledo.
En Toledo: la Catedral (impresionante, lástima que no se pueden sacar fotografías). Me dio no sé qué preguntar si todo lo que brillaba era oro; seguramente en esa época no habría pobres... La Sinagoga/mezquita/Iglesia de Santa María Blanca. El entierro del Conde de Orgáz. El Monasterio de San Juan. Pero que lo que más me gustaron fueron las calles, la sensación de historia a cada paso.
Ahora estoy en el comedor del Hotel Persal. Nada que ver con el folleto. Está remodelado.
Hoy caminaré, caminaré, caminaré y mañana: Sevilla.
¡Ah! Ayer a la noche comí tortilla (lo que nosotros llamaríamos omellette) de gambas y espárragos con ensalada mixta y natillas con canela. Una preciosidad. ¿Quién dijo que sólo en Argentina se come bien? Empiezo a sospechar que no vivo en el mejor país del mundo.
¿Cómo será vivir acá, sin saber nada de Marcelo Tinelli, de Guillermo Andino, de Graciela Alfano? Acá yo estoy comiendo en un “fas fu”. Acabo de darme cuenta que ayer estuve en el mismo lugar que hoy pero de atrás (Plaza de Oriente). Claro, no podía ser que hubiera dos Palacios reales. No entré, me da cosa pagar. Quizá a la tarde sea más dadivosa con el estado Español.
Pregunté en un locutorio de Telefónica si había acceso a Internet y no, no había. Mala suerte. Me dan más ganas de hablar por teléfono que de mandar e-mail.
Hoy bajé al subte pero no me atreví a tomarlo. Tienen miles de estaciones. Me caminé toda la Gran Vía, desde Plaza España hasta las Cibeles y ahí canté la canción de Sabina, que por otra parte no me crucé para nada. Seguramente está en Buenos Aires.
Esta noche cenaré en el Museo del Jamón.
Recorrido de hoy: fui hasta la Puerta del Sol, de ahí por la calle Mayor hasta la calle Bailén, de ahí hasta Plaza de Oriente (Palacio Real, Teatro Real, antes la Catedral), desemboqué en Plaza España y de ahí a la Gran Vía hasta Preciados, de ahí hasta la Puerta del Sol. Comí en Brans (fast food español). Caminé por ahí, por unas callecitas angostas. Entré en la Iglesia San José (¡horrible!), me tomé un café en Dunkin Donuts (muy yankee) en una esquina. Ya ubiqué donde está El Corte Inglés (los Corte Inglés). Ahora me vine por Atocha (atrás del Hotel), pasé por Antón Martín (donde hay más bares que en toda Noruega) y llegué hasta el Museo del Prado. Hay alrededor de 200 estudiantes intentando entrar. Obviamente me quedaré sin conocerlo. Después de todo en Buenos Aires no frecuento los museos.
Ahora volveré por Atocha hasta Puerta del Sol y de ahí a Preciados (El Corte Inglés)
Estoy tirada, sentada al borde de una fuente en la Puerta del Sol. Mi punto de encuentro. Estoy cansada de caminar. Además, me puse de mal humor porque quise comprar en el Corte Inglés dos CD (Jacques Loussier y Presuntos implicados) y me pidieron un documento que no llevaba encima. Me pareció ridículo. Me sentí extranjera (¿lo soy, no?). Conclusión: no los compré. Definitivamente en Argentina sabemos vivir.
No sé que haré hasta la noche.
Como una cerdita estoy comiendo un bocadillo con crema, almendras, pasa de uva y otras cosas con un café en la calle Arenal. Acá se usa mucho la barra y ahí estoy. Le pedí al mozo que me sacara una foto, pero no le tengo mucha fe. Veremos, veremos.
No me gusta mucho la idea de que voy a estar cambiando de hotel cada dos días, pero bueno así es la cosa. Son las 6 y no sé qué voy a hacer hasta la noche. Hoy me voy a acostar temprano porque mañana madrugo. Tengo que estar a las 8.30 en Pullmantur.
Aquí estoy en los Madriles y ¡no lo puedo creer! Esperando en Pullmantur para salir de excursión. La verdad no sé ni adonde voy y eso es lo que más me gusta. Me pongo un poco loquita con la plata, las tarjetas y eso. Pero si pierdo algo lo pierdo y listo. Me caen bien los “gallegos”.
Espero recordar que saqué una foto en la calle Espoz y Mina y otra en la calle Arenal a una librería (Ginés). Estoy acá esperando mi excursión a Toledo, mirando hacia el Palacio Real, al que todavía no entré. Me da un poco de impresión siendo plebeya Pienso que si Menem fuera español, viviría acá (en estos momentos estoy en la Plaza de Oriente y me está tratando de levantar un señor de unos 65 años, que buen nivel el mío; debería haberle dicho: Nou hablou espaniol).
Mañana quiero caminar todo el día. La excursión a Madrid me mareó. Tanto que pasamos por la Cibeles y miré para otro lado. Quiero ir al Palacio Real, a la Gran Vía, a cambiar plata, etc., ¡ah! Y a los lugares que me dijo Jorge.
Me siguen cayendo simpáticos los lugareños. Por suerte me saqué de encima al señor.
Me olvidaba: comí jamón asado con menestra de verduras y patatas fritas. Pa´chuparse los dedos, hombre. ¡Qué riquito! Y en un barcito de paso. Creo que mi paladar disfrutará mucho estos días.
Me enamoré de Toledo y juro que volveré.
I: averígüeme cuánto exactamente nos correspondería de las regalías urgentemente.
El día de hoy me da la sensación que dura 48 horas.
Descubrí que los argentinos no somos los únicos toscos, también los hay italianos, portugueses (¿o serían brasileños?)
Toledo es de película y no precisamente española. Ya lo decidí: cuando llegue a Buenos Aires empiezo a hablar de Tu.
Ellos tendrán el Prado, pero nosotros tenemos a la Pradón.
Martes 15 de febrero de 2000
Quisiera recordar todos los lugares donde he estado (ya se me pegó). En Madrid: el barrio árabe (¿era así que se llamaba?) , la parte más antigua de Madrid, el paseo del Prado, la Gran Vía, la Castellana, el Parque del Retiro, la Casa de campo. Pasé por la puerta de Alcalá, de Toledo.
En Toledo: la Catedral (impresionante, lástima que no se pueden sacar fotografías). Me dio no sé qué preguntar si todo lo que brillaba era oro; seguramente en esa época no habría pobres... La Sinagoga/mezquita/Iglesia de Santa María Blanca. El entierro del Conde de Orgáz. El Monasterio de San Juan. Pero que lo que más me gustaron fueron las calles, la sensación de historia a cada paso.
Ahora estoy en el comedor del Hotel Persal. Nada que ver con el folleto. Está remodelado.
Hoy caminaré, caminaré, caminaré y mañana: Sevilla.
¡Ah! Ayer a la noche comí tortilla (lo que nosotros llamaríamos omellette) de gambas y espárragos con ensalada mixta y natillas con canela. Una preciosidad. ¿Quién dijo que sólo en Argentina se come bien? Empiezo a sospechar que no vivo en el mejor país del mundo.
¿Cómo será vivir acá, sin saber nada de Marcelo Tinelli, de Guillermo Andino, de Graciela Alfano? Acá yo estoy comiendo en un “fas fu”. Acabo de darme cuenta que ayer estuve en el mismo lugar que hoy pero de atrás (Plaza de Oriente). Claro, no podía ser que hubiera dos Palacios reales. No entré, me da cosa pagar. Quizá a la tarde sea más dadivosa con el estado Español.
Pregunté en un locutorio de Telefónica si había acceso a Internet y no, no había. Mala suerte. Me dan más ganas de hablar por teléfono que de mandar e-mail.
Hoy bajé al subte pero no me atreví a tomarlo. Tienen miles de estaciones. Me caminé toda la Gran Vía, desde Plaza España hasta las Cibeles y ahí canté la canción de Sabina, que por otra parte no me crucé para nada. Seguramente está en Buenos Aires.
Esta noche cenaré en el Museo del Jamón.
Recorrido de hoy: fui hasta la Puerta del Sol, de ahí por la calle Mayor hasta la calle Bailén, de ahí hasta Plaza de Oriente (Palacio Real, Teatro Real, antes la Catedral), desemboqué en Plaza España y de ahí a la Gran Vía hasta Preciados, de ahí hasta la Puerta del Sol. Comí en Brans (fast food español). Caminé por ahí, por unas callecitas angostas. Entré en la Iglesia San José (¡horrible!), me tomé un café en Dunkin Donuts (muy yankee) en una esquina. Ya ubiqué donde está El Corte Inglés (los Corte Inglés). Ahora me vine por Atocha (atrás del Hotel), pasé por Antón Martín (donde hay más bares que en toda Noruega) y llegué hasta el Museo del Prado. Hay alrededor de 200 estudiantes intentando entrar. Obviamente me quedaré sin conocerlo. Después de todo en Buenos Aires no frecuento los museos.
Ahora volveré por Atocha hasta Puerta del Sol y de ahí a Preciados (El Corte Inglés)
Estoy tirada, sentada al borde de una fuente en la Puerta del Sol. Mi punto de encuentro. Estoy cansada de caminar. Además, me puse de mal humor porque quise comprar en el Corte Inglés dos CD (Jacques Loussier y Presuntos implicados) y me pidieron un documento que no llevaba encima. Me pareció ridículo. Me sentí extranjera (¿lo soy, no?). Conclusión: no los compré. Definitivamente en Argentina sabemos vivir.
No sé que haré hasta la noche.
Como una cerdita estoy comiendo un bocadillo con crema, almendras, pasa de uva y otras cosas con un café en la calle Arenal. Acá se usa mucho la barra y ahí estoy. Le pedí al mozo que me sacara una foto, pero no le tengo mucha fe. Veremos, veremos.
No me gusta mucho la idea de que voy a estar cambiando de hotel cada dos días, pero bueno así es la cosa. Son las 6 y no sé qué voy a hacer hasta la noche. Hoy me voy a acostar temprano porque mañana madrugo. Tengo que estar a las 8.30 en Pullmantur.
Líbranos del mal (2001)
El Ministerio de gestión había aprobado el pedido. Atónitos representantes y representados, tartamudeaban ante la consulta sobre la posibilidad de llevar a cabo aquel proyecto. Al fin y al cabo lo que todos querían, lo que todos pedían, podría hacerse realidad. Casi como por arte de magia. Se ahorrarían millones y millones en cuestiones innecesarias: juicios, cárceles, apelaciones y custodias. No habría más lugar a la opinión. Ellos, los burócratas, lo habían logrado..
El líquido era importado. El líquido era la salvación. El líquido marcaría a los buenos de los malo: así de sencillo: el verde indicaría la maldad. Durante años habían pedido las cosas en su lugar. Durante años se pedía saber quien era quien. Durante años habían estado desenmarañando el bien y el mal. Pero siempre se equivocaban. Apenas se supo de su existencia nadie salió a la calle. Para qué, ya no había motivos. Apenas se supo de su existencia corrió un alivio: al fin el otro dejaría de ser una amenaza. Al fin no habría que preocuparse más por protegerse. Al fin.
El costo era alto, y en dólares. Se hicieron tareas de costo beneficio. Ahí residía la fortaleza del proyecto. Ese día todos deberían salir a la calle. Un férreo control militar haría que todos estuvieran fuera. Una lluvia escasa, una garúa verde, dejaría ver quien era quien. Tantas promesas previas, tantos vestidos de verde lo habían prometido y nunca lo habían resuelto. Al fin y al cabo, muchos habían disfrutado de diez años y ahora nadie sentía culpa. Ahora todos estaban contra, contra todo lo que estaba mal. De última hasta ahora nadie había sido marcado. Nadie se hacía cargo, ahora los otros eran los ladrones, los otros eran los asesinos. Problema resuelto. En la radio, los oyentes dejaban mensajes de alegría y alivio. Soy Susana de Pompeya, ahora si habrá justicia. Los ladrones, los que se robaron el futuro podrán ir en cana sin chistar. Que se vayan todos. No nos gusta nadie. La jornada era por demás calurosa. Una buena lluvia sería lo más agradable que podía pasar. Máxime si era la lluvia salvadora. La lluvia verde. La única. Sería un empezar de nuevo. Un nuevo país. El presidente no estaba seguro de hacerlo. De todas formas el mismo había firmado días atrás un decreto que otorgaba poderes extraordinarios al Ministerio de gestión. Si bien días después la Corte Suprema lo declaró nulo, nunca nadie se enteró: su secretario acercó al tribunal la propuesta de hacer público el cassette y el video. Ahora eran sus mejores aliados. De todas formas conseguirían buen resguardo. Publicaron una Declaración de apoyo al Ministerio. Los del Ministerio eran viejos conocidos, pero habían salido dos o tres veces al balcón, luego de gestionar medidas populares. Los que siempre estuvieron de acuerdo, los que siempre estuvieron en contra, a los que les daba igual. Todos estaban de acuerdo. Si aparecía alguna voz contraria, era muy sencillo: sospechoso. Ya quedaría marcado. Era inevitable, insoslayable. Imposible de evitar. Nadie osó dudar de semejante acción. La sola duda era sospechosa. Una vez más la salvación. Una vez más la santa palabra. Una vez más alguien haría el trabajo sucio. Aunque ahora no era tan sucio. La lluvia todo lo limpiaría, todo lo marcaría, todo lo discriminaría. Todo lo determinaría. Las mentes más sencillas celebraban la buena nueva. Yo no tengo nada que ver, yo quiero que los ladrones estén en cana y sacó de su bolsillo la moneda del año 85 para la máquina del colectivo. Mientras olvidaba su elección, repetida elección, y a su licuadora, y las fotitos de Miami, con ese mar, ese mar tan claro como la verdad misma. Deberíamos tener un mar así acá. Ni el mar es bueno. Aunque ahora eso no importaba. Ahora seríamos los primeros del mundo. Los únicos en poner en práctica este innovador método, este blanqueador, que no distinguiría entre ricos y pobres, al fin Igualdad. Uy igualdad, dijo la voz de la TV, Ojo que no se tome esto como una forma de emparejar para abajo. No, no, de ninguna manera. Esto pondrá las cosas en su lugar. Como una especie de juicio final. En Cuba rechazan este método. Y claro, si no se les acaba el negocio, el negocio de la miseria. En definitiva, sólo el capitalismo nos permite esto. Quien esté libre de culpa y cargo, que apriete el botón. A la hora señalada, nadie salió. Para qué, si seguro es trucho...
El líquido era importado. El líquido era la salvación. El líquido marcaría a los buenos de los malo: así de sencillo: el verde indicaría la maldad. Durante años habían pedido las cosas en su lugar. Durante años se pedía saber quien era quien. Durante años habían estado desenmarañando el bien y el mal. Pero siempre se equivocaban. Apenas se supo de su existencia nadie salió a la calle. Para qué, ya no había motivos. Apenas se supo de su existencia corrió un alivio: al fin el otro dejaría de ser una amenaza. Al fin no habría que preocuparse más por protegerse. Al fin.
El costo era alto, y en dólares. Se hicieron tareas de costo beneficio. Ahí residía la fortaleza del proyecto. Ese día todos deberían salir a la calle. Un férreo control militar haría que todos estuvieran fuera. Una lluvia escasa, una garúa verde, dejaría ver quien era quien. Tantas promesas previas, tantos vestidos de verde lo habían prometido y nunca lo habían resuelto. Al fin y al cabo, muchos habían disfrutado de diez años y ahora nadie sentía culpa. Ahora todos estaban contra, contra todo lo que estaba mal. De última hasta ahora nadie había sido marcado. Nadie se hacía cargo, ahora los otros eran los ladrones, los otros eran los asesinos. Problema resuelto. En la radio, los oyentes dejaban mensajes de alegría y alivio. Soy Susana de Pompeya, ahora si habrá justicia. Los ladrones, los que se robaron el futuro podrán ir en cana sin chistar. Que se vayan todos. No nos gusta nadie. La jornada era por demás calurosa. Una buena lluvia sería lo más agradable que podía pasar. Máxime si era la lluvia salvadora. La lluvia verde. La única. Sería un empezar de nuevo. Un nuevo país. El presidente no estaba seguro de hacerlo. De todas formas el mismo había firmado días atrás un decreto que otorgaba poderes extraordinarios al Ministerio de gestión. Si bien días después la Corte Suprema lo declaró nulo, nunca nadie se enteró: su secretario acercó al tribunal la propuesta de hacer público el cassette y el video. Ahora eran sus mejores aliados. De todas formas conseguirían buen resguardo. Publicaron una Declaración de apoyo al Ministerio. Los del Ministerio eran viejos conocidos, pero habían salido dos o tres veces al balcón, luego de gestionar medidas populares. Los que siempre estuvieron de acuerdo, los que siempre estuvieron en contra, a los que les daba igual. Todos estaban de acuerdo. Si aparecía alguna voz contraria, era muy sencillo: sospechoso. Ya quedaría marcado. Era inevitable, insoslayable. Imposible de evitar. Nadie osó dudar de semejante acción. La sola duda era sospechosa. Una vez más la salvación. Una vez más la santa palabra. Una vez más alguien haría el trabajo sucio. Aunque ahora no era tan sucio. La lluvia todo lo limpiaría, todo lo marcaría, todo lo discriminaría. Todo lo determinaría. Las mentes más sencillas celebraban la buena nueva. Yo no tengo nada que ver, yo quiero que los ladrones estén en cana y sacó de su bolsillo la moneda del año 85 para la máquina del colectivo. Mientras olvidaba su elección, repetida elección, y a su licuadora, y las fotitos de Miami, con ese mar, ese mar tan claro como la verdad misma. Deberíamos tener un mar así acá. Ni el mar es bueno. Aunque ahora eso no importaba. Ahora seríamos los primeros del mundo. Los únicos en poner en práctica este innovador método, este blanqueador, que no distinguiría entre ricos y pobres, al fin Igualdad. Uy igualdad, dijo la voz de la TV, Ojo que no se tome esto como una forma de emparejar para abajo. No, no, de ninguna manera. Esto pondrá las cosas en su lugar. Como una especie de juicio final. En Cuba rechazan este método. Y claro, si no se les acaba el negocio, el negocio de la miseria. En definitiva, sólo el capitalismo nos permite esto. Quien esté libre de culpa y cargo, que apriete el botón. A la hora señalada, nadie salió. Para qué, si seguro es trucho...
lunes, marzo 24, 2008
24 de marzo
Volvía en el subte.
Fue un día intenso, de mucha vida.
Casi me olvidé de aquello que nunca me olvido.
Pero nunca me olvido de los hijos de puta.
Nunca me olvido de los hijos de puta que andan sueltos.
Y nunca me voy a olvidar.
Y lo repetiré a quines vienen después, y lo dejaré escrito.
Que fueron son y serán hijos de puta.
Fue un día intenso, de mucha vida.
Casi me olvidé de aquello que nunca me olvido.
Pero nunca me olvido de los hijos de puta.
Nunca me olvido de los hijos de puta que andan sueltos.
Y nunca me voy a olvidar.
Y lo repetiré a quines vienen después, y lo dejaré escrito.
Que fueron son y serán hijos de puta.
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