sábado, agosto 25, 2007
martes, agosto 21, 2007
Una de amor.
" ... a veces te extraño tanto que no puedo soportarlo..." (o algo parecido...)
Jack, protagonista de Brokeback mountain (Secreto en la montaña)
Jack, protagonista de Brokeback mountain (Secreto en la montaña)
sábado, agosto 18, 2007
viernes, agosto 17, 2007
Vínculos.
Ella me contó que su hermano se lo dijo. Que la cuñada se peleó con la hija de su marido. Que se dicen te amo. Que la extraña y no ve el momento de verla.
Después se fue y dos horas más tarde, debe haber llegado a su casa.
Entonces, me conecté. Estaba lleno de "muñequitos verdes". Pero estaban todos "No disponibles".
miércoles, agosto 15, 2007
Afinidad.
"Yo también soy como un náufrago,
en la furia de éste mar.
Tengo pies y tengo alas,
y me cuesta continuar..."
Silvina Garré - Para abrazarte.
sábado, agosto 04, 2007
Peor que eso...
" Me despierto de una pesadilla y descubro que la vida es aún peor..."
El protagonista de "El huevo de la serpiente"
El protagonista de "El huevo de la serpiente"
viernes, agosto 03, 2007
Los inexistentes
Los inexistentes
Por Eduardo “Tato” Pavlovsky
Página 12 - Jueves, 02 de Agosto de 2007
Lois Wacquant, discípulo de Bourdieu, nos introduce en el ghetto de Chicago y el suburbio industrial en París. Allí nos señala que las estructuras y políticas estatales tienen un papel fundamental en las articulaciones de clase, lugar y origen de esas marginalidades. El nombre que elige este polifacético sociólogo francés es el de marginalidad avanzada. Cinturón negro y cinturón rojo son las denominaciones para ambas marginalidades (vidas desperdiciadas, los que no existen o los hombres de las cifras y estadísticas. Algunos ya no funcionan como seres humanos).
Manuel Delgado, un antropólogo catalán, en su libro Sociedades Movedizas concluye que se hace pensar, a través de la sociología científica (muy bien paga por las multinacionales de turno), que son las identidades y no por lo tanto los intereses –no las injusticias y la falta de intervención del Estado– las que producen malentendidos culturales que se resolverán a través del diálogo y reconciliación de partes.
Multiculturalismo –concepción apolítica, aeconómica, asocial e histórica de la noción “cultura”.
Surgen entonces los expertos en “resolución de conflictos” –los mediadores culturales–, los terapeutas de comunidades, que intervienen con todo tipo de fiestas de “diversidad” y jornadas interculturales. Lo económico, o el Estado, no existe como causante de esas tremendas desigualdades sociales y económicas que se pueden solucionar a base de diálogos éticos, de cómo se administra el conflicto de base y hacerlo callar en sus verdaderas causas.
De ahí, de esta filosofía, surge la retórica de los derechos humanos basados en el amor y la comprensión recíproca. Como si los derechos de los humanos tuvieran existencia autónoma y “pudieran seguir alimentándose de la pura virtud”.
La tolerancia en este caso es de por sí un concepto que presupone la descalificación de lo tolerado.
La opinión pública percibe así al racismo como una patología localizada (ej.: los skinheads), que puede ser combatida y debe serlo. De este modo los inmigrantes, vagabundos, los “sospechosos”, además de causar conflictos como minorías excretables, han “creado” la aparición de estos parásitos característicamente suyos, que son los racistas.
¿Qué dice el racista?: Toda la culpa es del inmigrante. ¿Qué dice el antirracista trivializado por los medios de comunicación o por los altavoces oficiales en la materia?: Toda la culpa es del racista.
Conclusión: suprimámoslo a uno y a otro y el orden alterado será suprimido.
Esto ejemplifica a la estigmatización como ese mecanismo que le permite a la mayoría social, o al Estado, delimitar con claridad a una minoría como causante de los males que afectan a la sociedad y que se evitarían si fuese eliminada.
Ellos dicen (la mayoría silenciosa): hay racismo, lo sabemos, pero no porque haya injusticia o explotación subhumana. Hay racismo porque hay racismo. Una adecuada formación de masas, con buena educación cultural, puede eliminar la tendencia casi congénita a excluir a ciertos prójimos y todo se acaba.
En resumen: el problema de la inmigración en Francia (o los negros de Chicago) no es poder vivir con la diferencia, sino si se puede convivir con el escándalo moral de la explotación humana indispensable para el actual modelo de desarrollo económico. Parece que podemos, si el OTRO acepta su no existencia –su no existencia de la dignidad humana– con un trabajo que lo dignifique y le permita re-construir el mundo o cultura del trabajo hoy ausentes.
Eso que dan en llamar la realidad es una construcción política y social determinada desde los centros de poder encargados de la producción y distribución de significados, para cuya eficacia resulta indispensable el concurso de mayorías sociales en cuyos temas de representación ya estaban presentes y activas las lógicas de, y para, la exclusión. La creación de un buen imaginario es indispensable (ordenado y ordenador). Siempre todo lo define el imaginario social construyendo las complicidades civiles. ¿O todavía no lo aprendimos?
Bernardo Kliksberg, economista asesor principal del PNUD para América latina, dice que 50 millones de jóvenes latinoamericanos están fuera del sistema educativo y del mercado de trabajo. “Su situación es explosiva. No tienen acceso a un primer empleo. Se generan grupos de parias en los márgenes de la sociedad. La sociedad los repudia, exigiendo su ‘disciplina’.”
Existe un 50% más de desempleo femenino –de donde surge gran parte de la prostitución, 20 millones de niños menores de 14 años son explotados laboralmente y siete millones en las más degradantes tareas como la prostitución, la pornografía y el tráfico de drogas.
América latina produce alimentos que permitirían satisfacer las necesidades del triple de su población actual. Sin embargo 53 millones carecen de alimentos suficientes.
La criminalidad juvenil crece. De 100.000 habitantes pasó de 12,5 en 1980, a 25,1 por ciento en el 2006, la principal causa es la violencia. “Una juventud desocupada y sin esperanza (y sin noción de cultura del trabajo) alejada del sistema educativo y con familias desestructuradas por la pobreza, crea vulnerabilidad. El refuerzo de mano dura frente a la población no hace más que romper sus tenues vínculos con la sociedad.”
La mano dura aumentó la población carcelaria pero no redujo las tasas de delito por no atacar sistemáticamente sus causas: trabajo, educación y familia. Esto tiene que convertirse en Política de Estado.
En Santiago del Estero el 40% de la gente no tiene cobertura médica. El sistema de salud está colapsado, saturado y en crisis. Los hospitales tucumanos son un refugio contra la pobreza. A las altas médicas les cuesta irse. ¿Adónde? Los profesionales dicen que el problema no es aumentar las camas sino resolver el problema socioeconómico de las familias: “se quedan en el hospital porque su situación es mejor que en su casa, comen y están protegidos”. En la provincia hay 300 centros médicos, 267 no tienen internación.
Me gustaría que la futura presidenta se refiera a estos temas escalofriantes y a si existe alguna solución. Nunca en el país hubo tanta diferencia entre la riqueza de unos pocos y la pobreza de muchos más. ¿Acaso exagero?
Por Eduardo “Tato” Pavlovsky
Página 12 - Jueves, 02 de Agosto de 2007
Lois Wacquant, discípulo de Bourdieu, nos introduce en el ghetto de Chicago y el suburbio industrial en París. Allí nos señala que las estructuras y políticas estatales tienen un papel fundamental en las articulaciones de clase, lugar y origen de esas marginalidades. El nombre que elige este polifacético sociólogo francés es el de marginalidad avanzada. Cinturón negro y cinturón rojo son las denominaciones para ambas marginalidades (vidas desperdiciadas, los que no existen o los hombres de las cifras y estadísticas. Algunos ya no funcionan como seres humanos).
Manuel Delgado, un antropólogo catalán, en su libro Sociedades Movedizas concluye que se hace pensar, a través de la sociología científica (muy bien paga por las multinacionales de turno), que son las identidades y no por lo tanto los intereses –no las injusticias y la falta de intervención del Estado– las que producen malentendidos culturales que se resolverán a través del diálogo y reconciliación de partes.
Multiculturalismo –concepción apolítica, aeconómica, asocial e histórica de la noción “cultura”.
Surgen entonces los expertos en “resolución de conflictos” –los mediadores culturales–, los terapeutas de comunidades, que intervienen con todo tipo de fiestas de “diversidad” y jornadas interculturales. Lo económico, o el Estado, no existe como causante de esas tremendas desigualdades sociales y económicas que se pueden solucionar a base de diálogos éticos, de cómo se administra el conflicto de base y hacerlo callar en sus verdaderas causas.
De ahí, de esta filosofía, surge la retórica de los derechos humanos basados en el amor y la comprensión recíproca. Como si los derechos de los humanos tuvieran existencia autónoma y “pudieran seguir alimentándose de la pura virtud”.
La tolerancia en este caso es de por sí un concepto que presupone la descalificación de lo tolerado.
La opinión pública percibe así al racismo como una patología localizada (ej.: los skinheads), que puede ser combatida y debe serlo. De este modo los inmigrantes, vagabundos, los “sospechosos”, además de causar conflictos como minorías excretables, han “creado” la aparición de estos parásitos característicamente suyos, que son los racistas.
¿Qué dice el racista?: Toda la culpa es del inmigrante. ¿Qué dice el antirracista trivializado por los medios de comunicación o por los altavoces oficiales en la materia?: Toda la culpa es del racista.
Conclusión: suprimámoslo a uno y a otro y el orden alterado será suprimido.
Esto ejemplifica a la estigmatización como ese mecanismo que le permite a la mayoría social, o al Estado, delimitar con claridad a una minoría como causante de los males que afectan a la sociedad y que se evitarían si fuese eliminada.
Ellos dicen (la mayoría silenciosa): hay racismo, lo sabemos, pero no porque haya injusticia o explotación subhumana. Hay racismo porque hay racismo. Una adecuada formación de masas, con buena educación cultural, puede eliminar la tendencia casi congénita a excluir a ciertos prójimos y todo se acaba.
En resumen: el problema de la inmigración en Francia (o los negros de Chicago) no es poder vivir con la diferencia, sino si se puede convivir con el escándalo moral de la explotación humana indispensable para el actual modelo de desarrollo económico. Parece que podemos, si el OTRO acepta su no existencia –su no existencia de la dignidad humana– con un trabajo que lo dignifique y le permita re-construir el mundo o cultura del trabajo hoy ausentes.
Eso que dan en llamar la realidad es una construcción política y social determinada desde los centros de poder encargados de la producción y distribución de significados, para cuya eficacia resulta indispensable el concurso de mayorías sociales en cuyos temas de representación ya estaban presentes y activas las lógicas de, y para, la exclusión. La creación de un buen imaginario es indispensable (ordenado y ordenador). Siempre todo lo define el imaginario social construyendo las complicidades civiles. ¿O todavía no lo aprendimos?
Bernardo Kliksberg, economista asesor principal del PNUD para América latina, dice que 50 millones de jóvenes latinoamericanos están fuera del sistema educativo y del mercado de trabajo. “Su situación es explosiva. No tienen acceso a un primer empleo. Se generan grupos de parias en los márgenes de la sociedad. La sociedad los repudia, exigiendo su ‘disciplina’.”
Existe un 50% más de desempleo femenino –de donde surge gran parte de la prostitución, 20 millones de niños menores de 14 años son explotados laboralmente y siete millones en las más degradantes tareas como la prostitución, la pornografía y el tráfico de drogas.
América latina produce alimentos que permitirían satisfacer las necesidades del triple de su población actual. Sin embargo 53 millones carecen de alimentos suficientes.
La criminalidad juvenil crece. De 100.000 habitantes pasó de 12,5 en 1980, a 25,1 por ciento en el 2006, la principal causa es la violencia. “Una juventud desocupada y sin esperanza (y sin noción de cultura del trabajo) alejada del sistema educativo y con familias desestructuradas por la pobreza, crea vulnerabilidad. El refuerzo de mano dura frente a la población no hace más que romper sus tenues vínculos con la sociedad.”
La mano dura aumentó la población carcelaria pero no redujo las tasas de delito por no atacar sistemáticamente sus causas: trabajo, educación y familia. Esto tiene que convertirse en Política de Estado.
En Santiago del Estero el 40% de la gente no tiene cobertura médica. El sistema de salud está colapsado, saturado y en crisis. Los hospitales tucumanos son un refugio contra la pobreza. A las altas médicas les cuesta irse. ¿Adónde? Los profesionales dicen que el problema no es aumentar las camas sino resolver el problema socioeconómico de las familias: “se quedan en el hospital porque su situación es mejor que en su casa, comen y están protegidos”. En la provincia hay 300 centros médicos, 267 no tienen internación.
Me gustaría que la futura presidenta se refiera a estos temas escalofriantes y a si existe alguna solución. Nunca en el país hubo tanta diferencia entre la riqueza de unos pocos y la pobreza de muchos más. ¿Acaso exagero?
martes, julio 31, 2007
Poesía
Hacia el porvenir partieron sombras,
rumbo a mañana, algo de oscuridad.
Fue sobrevivir porque el sol de hoy
no pudo más.
No estarán completas las auroras,
quejas de mi lucirá la claridad.
Porque lo que yo tanto pretendí,
demorará...
Por más que quise bendecirme,
y más, purificarme,
yo era carne, yo era yo.
Lo que con amor hacia una mano,
lo rompía con otra el desamor.
Yo no creo que haya sido en vano,
pero pudo ser mucho mejor
Hacia el porvenir partieron sombras,
cuando no alcance sólo podré alertar...
Si alguien me oye allí,
no se olvide pues, de iluminar,
de iluminar.
Silvio Rodriguez (Hacia el porvenir)
Escritura.
Hoy leí en La Nación ( que va a hacer...) esta semblanza de Bergman.
Escenas de la vida de un genio
A los 89 años, falleció ayer el cineasta sueco que indagó como nadie en las profundidades de la condición humana
No sabremos si la muerte habrá tenido para él, como la imaginó más de una vez, el empolvado rostro de un payaso: aquel de mirada obscena y risa maliciosa que acosaba a Carl, el pobre tío inventor entre cuyos papeles encontró la inspiración para En presencia de un payaso (1997), o aquel otro, blanco y sin secretos, que conversaba mientras jugaba al ajedrez en El séptimo sello y había sido –como él mismo admitió– “el primer paso en la victoriosa lucha contra el miedo a la muerte”. La obra de Ingmar Bergman, al fin, conformó una única y dilatada película que era como un eco de su propia vida y sus propias angustias, un interminable interrogante sobre el sentido de la existencia, la muerte, el amor y la fe. Y también sobre la fascinación irresistible de la ficción, del arte como la tabla de salvación a la cual aferrarse como al espejismo que distrae y consuela y quizás hace posible elevarse cuando la muerte asedia y la única sensación que se percibe es la del hundimiento. La ficción del cine o la del teatro –por donde empezó su trayectoria impar– eran su modo de combatir el caos, de organizar el desorden. En ese afán, este gran inquisidor del alma humana puso cada vez más sus propias experiencias bajo el microscopio en una progresiva profundización de los grandes temas existenciales. Así, hizo del cine un espacio para la meditación filosófica y echó luz sobre la tragedia de la condición humana. No extraña que él solo ocupe uno de los capítulos más trascendentales de la historia del arte contemporáneo: su obra impuso al mundo una nueva forma de aproximarse al fenómeno cinematográfico. Sobre Ingmar Bergman se ha escrito todo, o casi todo. Se ha escudriñado en su biografía en busca de señales que explicaran el secreto de su genio; se lo interrogó –la mayor parte de las veces, en vano– esperando recibir, encerrados en los estrechos límites de las palabras, los sentimientos e intuiciones del mundo y de los hombres que él fue atrapando y traduciendo en imágenes durante casi toda una vida; se le destinaron los elogios más justos y los más ampulosos; sus películas, sus piezas teatrales, sus declaraciones periodísticas, sus puestas en escena, sus libros fueron desmenuzados hasta el descuartizamiento. Poco puede añadirse en estas pocas líneas de despedida. Habrá que repetir que ninguno de los grandes temas de la existencia le fue ajeno: de la vulnerabilidad del ser humano y su incapacidad para alcanzar los propios objetivos a las inestabilidades de la relación amorosa, del desasosiego y el temor ante el silencio de Dios a la soledad del individuo y la hipocresía que suele contaminar la relación con el prójimo. Y habrá que recordar datos sustanciales de su biografía: su nacimiento en Upsala, en 1918; su condición de hijo de un severo pastor luterano cuyo rígido código moral no admitía contravención alguna; su descubrimiento de las marionetas, origen de su fascinación por el teatro y en general por todo el arte de la representación; el famoso episodio doméstico de la Navidad de 1928, cuando un canje de regalos con su hermano mayor Dag le puso en las manos por primera vez un proyector de cine; sus primeras experiencias de espectador. También las primeras manifestaciones de esos demonios interiores que colmaron su infancia de pesadillas y arranques irracionales y que serían el antecedente de tantos desarreglos físicos y psíquicos padecidos en la vida adulta. De estos demonios, de aquella fascinación y de la férrea disciplina paterna, que lo llevó a la rebelión pero también marcó su modo de afrontar cada responsabilidad, se alimentó su obra, una única y extensa película que Bergman fue cincelando laboriosamente al tiempo que ganaba reconocimiento prácticamente unánime como gran artista -para muchos, el más grande- del cine contemporáneo. El alquimista Curiosa alquimia la que dio como resultado la sólida construcción bergmaniana. Los conflictos vividos en carne propia, la desesperada búsqueda de Dios, el miedo a la muerte, los duelos, los sinsabores afectivos le dieron el material para imaginar otras vidas más intensas que la real. La rigurosa disciplina que lo maltrató en la infancia le sirvió para controlar el tumulto interior y devolverlo transfigurado en emociones artísticas. Y el territorio donde pudo dar rienda suelta a su desolación, su escepticismo o su fe fue el de la fantasía, aquel mundo poético que había conocido llevado por las marionetas y que lo pondría después cara a cara con los films de Victor Sjöstrom y los dramas de August Strindberg. Entró en el cine como guionista de Alf Sjöberg y Gustav Molander antes de debutar como director con Crisis (1945). A esa primera serie de films en los que desfilan, nada casualmente, padres y profesores autoritarios, castigos, soledades y humillaciones pertenecen Prisión , La sed , Hacia la felicidad , Juventud, divino tesoro . Aquí, Un verano con Mónica fue, en 1953, su primer gran éxito. Su nombre ya empezaba a ser tan familiar como las audacias del cine sueco. (Fue en una muestra realizada en 1952 en Punta del Este donde el cineasta ganó su primer reconocimiento internacional.) Después, la crisis se tornó metafísica y se tradujo en obras admirables: El séptimo sello , La fuente de la doncella , Cuando huye el día , Detrás de un vidrio oscuro , El silencio . Otro tema fue el artista, la máscara, la mentira - Noche de circo , El rito , Persona- ; otro más, el universo femenino - Secretos de mujeres , Tres almas desnudas , Gritos y susurros- . Imposible reseñar una obra tan vasta, tan compleja y tan rica como ésta, que va de la travesura escéptica de Sonrisas de una noche de verano a la sabia reconciliación con la vida de Fanny y Alexander y al formidable ciclo sobre la vida en pareja que cerró en su obra final: Saraband . Esos títulos son la mejor prueba de la grandeza de su autor, un creador genial que hasta tuvo conciencia, autocrítica y valor para decidir el momento de su silencio. Son también testimonio de su triunfo final sobre la muerte y el olvido. Seguirán siéndolo. Por Fernando López Para LA NACION
A los 89 años, falleció ayer el cineasta sueco que indagó como nadie en las profundidades de la condición humana
No sabremos si la muerte habrá tenido para él, como la imaginó más de una vez, el empolvado rostro de un payaso: aquel de mirada obscena y risa maliciosa que acosaba a Carl, el pobre tío inventor entre cuyos papeles encontró la inspiración para En presencia de un payaso (1997), o aquel otro, blanco y sin secretos, que conversaba mientras jugaba al ajedrez en El séptimo sello y había sido –como él mismo admitió– “el primer paso en la victoriosa lucha contra el miedo a la muerte”. La obra de Ingmar Bergman, al fin, conformó una única y dilatada película que era como un eco de su propia vida y sus propias angustias, un interminable interrogante sobre el sentido de la existencia, la muerte, el amor y la fe. Y también sobre la fascinación irresistible de la ficción, del arte como la tabla de salvación a la cual aferrarse como al espejismo que distrae y consuela y quizás hace posible elevarse cuando la muerte asedia y la única sensación que se percibe es la del hundimiento. La ficción del cine o la del teatro –por donde empezó su trayectoria impar– eran su modo de combatir el caos, de organizar el desorden. En ese afán, este gran inquisidor del alma humana puso cada vez más sus propias experiencias bajo el microscopio en una progresiva profundización de los grandes temas existenciales. Así, hizo del cine un espacio para la meditación filosófica y echó luz sobre la tragedia de la condición humana. No extraña que él solo ocupe uno de los capítulos más trascendentales de la historia del arte contemporáneo: su obra impuso al mundo una nueva forma de aproximarse al fenómeno cinematográfico. Sobre Ingmar Bergman se ha escrito todo, o casi todo. Se ha escudriñado en su biografía en busca de señales que explicaran el secreto de su genio; se lo interrogó –la mayor parte de las veces, en vano– esperando recibir, encerrados en los estrechos límites de las palabras, los sentimientos e intuiciones del mundo y de los hombres que él fue atrapando y traduciendo en imágenes durante casi toda una vida; se le destinaron los elogios más justos y los más ampulosos; sus películas, sus piezas teatrales, sus declaraciones periodísticas, sus puestas en escena, sus libros fueron desmenuzados hasta el descuartizamiento. Poco puede añadirse en estas pocas líneas de despedida. Habrá que repetir que ninguno de los grandes temas de la existencia le fue ajeno: de la vulnerabilidad del ser humano y su incapacidad para alcanzar los propios objetivos a las inestabilidades de la relación amorosa, del desasosiego y el temor ante el silencio de Dios a la soledad del individuo y la hipocresía que suele contaminar la relación con el prójimo. Y habrá que recordar datos sustanciales de su biografía: su nacimiento en Upsala, en 1918; su condición de hijo de un severo pastor luterano cuyo rígido código moral no admitía contravención alguna; su descubrimiento de las marionetas, origen de su fascinación por el teatro y en general por todo el arte de la representación; el famoso episodio doméstico de la Navidad de 1928, cuando un canje de regalos con su hermano mayor Dag le puso en las manos por primera vez un proyector de cine; sus primeras experiencias de espectador. También las primeras manifestaciones de esos demonios interiores que colmaron su infancia de pesadillas y arranques irracionales y que serían el antecedente de tantos desarreglos físicos y psíquicos padecidos en la vida adulta. De estos demonios, de aquella fascinación y de la férrea disciplina paterna, que lo llevó a la rebelión pero también marcó su modo de afrontar cada responsabilidad, se alimentó su obra, una única y extensa película que Bergman fue cincelando laboriosamente al tiempo que ganaba reconocimiento prácticamente unánime como gran artista -para muchos, el más grande- del cine contemporáneo. El alquimista Curiosa alquimia la que dio como resultado la sólida construcción bergmaniana. Los conflictos vividos en carne propia, la desesperada búsqueda de Dios, el miedo a la muerte, los duelos, los sinsabores afectivos le dieron el material para imaginar otras vidas más intensas que la real. La rigurosa disciplina que lo maltrató en la infancia le sirvió para controlar el tumulto interior y devolverlo transfigurado en emociones artísticas. Y el territorio donde pudo dar rienda suelta a su desolación, su escepticismo o su fe fue el de la fantasía, aquel mundo poético que había conocido llevado por las marionetas y que lo pondría después cara a cara con los films de Victor Sjöstrom y los dramas de August Strindberg. Entró en el cine como guionista de Alf Sjöberg y Gustav Molander antes de debutar como director con Crisis (1945). A esa primera serie de films en los que desfilan, nada casualmente, padres y profesores autoritarios, castigos, soledades y humillaciones pertenecen Prisión , La sed , Hacia la felicidad , Juventud, divino tesoro . Aquí, Un verano con Mónica fue, en 1953, su primer gran éxito. Su nombre ya empezaba a ser tan familiar como las audacias del cine sueco. (Fue en una muestra realizada en 1952 en Punta del Este donde el cineasta ganó su primer reconocimiento internacional.) Después, la crisis se tornó metafísica y se tradujo en obras admirables: El séptimo sello , La fuente de la doncella , Cuando huye el día , Detrás de un vidrio oscuro , El silencio . Otro tema fue el artista, la máscara, la mentira - Noche de circo , El rito , Persona- ; otro más, el universo femenino - Secretos de mujeres , Tres almas desnudas , Gritos y susurros- . Imposible reseñar una obra tan vasta, tan compleja y tan rica como ésta, que va de la travesura escéptica de Sonrisas de una noche de verano a la sabia reconciliación con la vida de Fanny y Alexander y al formidable ciclo sobre la vida en pareja que cerró en su obra final: Saraband . Esos títulos son la mejor prueba de la grandeza de su autor, un creador genial que hasta tuvo conciencia, autocrítica y valor para decidir el momento de su silencio. Son también testimonio de su triunfo final sobre la muerte y el olvido. Seguirán siéndolo. Por Fernando López Para LA NACION
Signo de los tiempos.
Volvió a la lectura. Hacía meses que su vista cansada no se detenía, para dejarse llevar por su placer.
En su bolso hoy conviven Marketing estratégico y el Manifiesto comunista.
Quizás en unas semanas retorne a la terapia.
viernes, julio 27, 2007
A pesar de las elecciones la sigo queriendo...
"Buenos Aires, para el alma mía
no habrá geografía mejor que el paisaje
de tus calles,
donde día a día me gasto los miedos,
las suelas y el traje...
No podría vivir con orgullo
mirando otro cielo que no fuera el tuyo...
porque aquí me duele un tango..."
no habrá geografía mejor que el paisaje
de tus calles,
donde día a día me gasto los miedos,
las suelas y el traje...
No podría vivir con orgullo
mirando otro cielo que no fuera el tuyo...
porque aquí me duele un tango..."
martes, julio 24, 2007
Vuelos
Escucho Vuelos. De la cabeza. Y me emociona y enorgullece saber que mis sobrinos lo escuchan también...
jueves, julio 19, 2007
sábado, julio 14, 2007
martes, julio 10, 2007
Festejo.
Ayer, mientras disfrutaba de la nieve en la calle de mi madre, pasó un señor, mascullando un insulto, con olor a alcohol y una caja de cartón en la cabeza. Era un pobre.
sábado, julio 07, 2007
Desencuentro.
Te estoy buscando, pero no te encuentro.
Te siento tan cerca, pero no estás.
Me ilusiono que estás, pero no estás.
Me vuelvo tan simple, sólo por esperarte, que me siento una más, una persona más. Como las del subte.
Vas a estar y no vas a ser quien fuiste. Pero vas a estar.
Te siento tan cerca, pero no estás.
Me ilusiono que estás, pero no estás.
Me vuelvo tan simple, sólo por esperarte, que me siento una más, una persona más. Como las del subte.
Vas a estar y no vas a ser quien fuiste. Pero vas a estar.
jueves, junio 28, 2007
Contraindicación.
Tengo un trabajo nuevo.
No tengo tiempo de pensar ni de escribir aquí.
Tengo menos preocupaciones.
No tengo tiempo para volar demasiado.
Tengo un trabajo nuevo.
No tengo tiempo de pensar ni de escribir aquí.
Tengo menos preocupaciones.
No tengo tiempo para volar demasiado.
Tengo un trabajo nuevo.
sábado, junio 16, 2007
Ternura e ideología.
lunes, junio 11, 2007
Diferencia y novedad.
Hoy empecé algo nuevo. Diferente.
Me siento rara.
Necesitaba sentirme rara. Diferente.
Me siento nueva.
Me siento rara.
Necesitaba sentirme rara. Diferente.
Me siento nueva.
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